04/03/2026 | Información | Sucesos
Si tú no eres misericordioso, no pidas misericordia
Dar misericordia es perdonar, comprender, acompañar y no juzgar con dureza
Cuando eres misericordioso, te pareces más a Cristo
Pedimos misericordia a Dios cuando caemos, cuando fallamos y cuando el peso del pecado nos duele.
Confiamos en que su corazón es compasivo y nunca se cansa de perdonar.
Pero el Evangelio nos confronta con una pregunta seria: ¿esa misma misericordia la ofrecemos a los demás?
No basta recibirla; estamos llamados a reflejarla en gestos concretos, palabras pacientes y decisiones humildes.
Es recordar que también nosotros necesitamos ser levantados muchas veces.
Cuando perdonas, sanas tu corazón.
Pide al Señor un corazón semejante al suyo, capaz de amar incluso cuando cuesta.
Solo así la misericordia recibida se convierte en misericordia vivida, fecunda y verdadera, para gloria de Dios y bien de todos.


